Chile en el Bicentenario – La patria inconclusa – Roberto Avila Toledo

20 julio, 2010 § 2 comentarios


El 18 de Septiembre de este año 2010 vamos a celebrar el bicentenario de nuestra independencia.

En Chile la independencia de España se celebra mediante verdaderos torneos gastronómicos y etílicos en los cuales el recuerdo y análisis del proceso político revolucionario esta ausente.

Los medios de prensa son implacables en dejar de lado la revolución independentista y avocarse exclusivamente a entrevistar borrachos  acerca de su peculiar forma de entender el patriotismo y a los “fonderos” en torno a si tuvieron o no utilidades. Esto no es algo casual, se busca dolosamente ocultar la historia patria a los chilenos.

Nuestras autoridades por su parte buscan adeptos bailando cueca en lugares públicas, en ocasiones muestran destrezas en otras derechamente hacen el ridículo, empero, para todos,  esa es su actividad principal.

Pero también a unos pocos, pocos por ahora,  nos interesa en bicentenario como tal. El bicentenario de la primera revolución chilena. La segunda guerra revolucionaria-independentista  triunfante de los nacidos en estas tierras  en contra de poderes imperiales.

El conteo del bicentenario tiene ya cierta imprecisión y como tantas otras cosas en Chile esta también cargado de ambigüedades. En efecto, el 18 de Septiembre de 1810 se convocó en Santiago  a un Cabildo Abierto presidido por un realista de tomo y lomo como lo era don Mateo de Toro y Zambrano y Ureta que había recibido el título nobiliario de Conde de la Conquista de parte del monarca español el 6 de Marzo de 1770.

Ese Cabildo abierto fue constituido como consecuencia política de la prisión a que Napoleón había sometido al monarca español Fernando VII en Europa. Ese vacío de poder lo intentaba llenar un gobierno provisional español conocido como  la Junta de Burgos, de cuya lealtad  monárquica algunos dudaban.

Esta convocatoria venía precedida por varias de otras carácter similar en las distintas colonias españolas de América Latina, la mayoría de las cuales vieron irrumpir el independentismo sin rubor ni tapujo alguno.

Los chilenos llevamos adelante  el proceso de  nuestra independencia de la única forma que nos era posible, a la chilena. Entre medias tintas, ambigüedades, coloquios, negociaciones y  demases. Aunque ello no impidió que luego debiéramos regar generosamente con nuestra sangre el árbol de nuestra libertad.

Se eligió al anciano don Mateo de Toro y Zambrano Conde de la Conquista, que moriría a los pocos meses,  para que la ambigüedad presidiera el cabildo. Quemar las naves no es cosa de nosotros los chilenos. Este cabildo abierto derivó en la Primera Junta de Gobierno. De hecho se daban pasos hacia la independencia pero en lo formal los derechos en nuestra tierra del “amadísimo” rey don Fernando VII no eran discutidos. Se desató incluso la violencia revolucionaria fusilando en Febrero del año siguiente al brigadier realista  Tomas de Figueroa que intentó alzarse contra el proceso en curso, pero el discurso no adquirió carácter antimonárquico sino hasta la llegada de José Miguel Carrera.

La independencia de Chile sólo se juró públicamente  años después el 12 de Febrero de 1818 en el primer aniversario del triunfo en la batalla de Chacabuco.

En Chile las cosas se hacen a la chilena.

Este bicentenario es un buen momento para mirar nuestra historia, reflexionar sobre nosotros mismos y por sobre todo aclarar si los grandes propósitos de nuestros héroes nacionales han sido ya alcanzados o si la tarea de construir nuestra patria independiente esta aún inconclusa.

La historia de la conformación de nuestra patria tiene hasta ahora cuatro momentos estelares

A.- La gran victoria mapuche al mando de Pelantaro en la batalla de Curalaba (1598) que les permitió ganar la guerra contra los invasores españoles. Los mapuches derrotaron política y militarmente al Imperio español no se trato simplemente de una resistencia prolongada. Los mapuches ganaron la guerra.

B.- La gran victoria de la revolución independentista cuyo momento decisivo es la batalla de Maipú (1818).

C.- La derrota de Chile y del Presidente Balmaceda en la guerra Civil de 1891.

D.-  La derrota de Chile y la muerte del presidente Salvador Allende en la Moneda en 1973.

Dos grandes victorias y dos grandes derrotas, hasta ahora.

Esos son los hitos históricos. Ellos se desenvuelven a través de un ethos nacional que esta condicionado y conformado por diversas circunstancias.

Como todos los pueblos tenemos nuestras particularidades.

Chile es un país que existe por las circunstancias mas azarosas de la naturaleza, es ya cosa científicamente establecida que nuestro terruño es un fondo marítimo emergido al calor de grandes cataclismos. Cada cierto tiempo terribles terremotos nos asolan, desde niños sabemos que lo mas querido por toda familia, su casa, puede ser destruida en segundos. Nacimos sabiendo de temblores y terremotos, que podemos hacer para evitarlos?, ricos o pobres; nada, sólo esperar y confiar en la suerte o en dios. Comentamos desaprensiva y resignadamente que todo gobierno tiene su terremoto y que uno grande viene cada 20 años.

El único territorio que el Imperio español invadió en América Latina que vivió los gigantescos alzamientos (butamalones) nativos fue el “reino” de Chile. Sólo aquí fueron derrotados, el resto de la invasión genocida es todo victorias.. Los invasores españoles sabían que cual espada de Damocles el butamalón mapuche siempre estaba a la vuelta de al esquina y que cuando ello ocurriera sus ciudades serían pasto de las llamas. A los indígenas en otras latitudes se les desprecia, las oligarquías dominantes en Chile  a los mapuches además les temen.

Esto marca el primer dígito de nuestro “ethos” nacional: un pesimismo esencial. Siempre pensamos que una desgracia nos espera, pero como ella es inevitable como los terremotos, seguimos resignadamente adelante.

Cuando juega nuestra selección de futbol el último minuto es el de mayor sufrimiento.

Chile fue el reino mas pobre de la conquista española, las cuentas de la Casa de Contratación de Sevilla sólo arrojaban perdidas par el Rey, entre terremotos y butamalones los números no tomaron jamás el agradable color azul. Se llegó a pensar en abandonar el territorio, pero ya había una raza en formación que se negó. Esos que ya querían su tierra con todos sus peligros. Esa dialéctica superadora entre mapuches y vascos que se llama chilenos. Decimos vascos con su perseverancia y obstinación, sin la alegría de los andaluces ni la sutileza artística de los catalanes.

El segundo dígito de nuestro ethos esta marcado por nuestra realidad física. Estamos rodeados de montañas que no han resguardado como formidables murallas. Nuestra imponente cordillera, cuando a cualquier niño chileno le piden que dibuje su casa siempre agrega como fondo nuestra cordillera. El primer impacto visual par los exiliados fue vivir en ciudades sin cordillera.

Dicen algunos con razón que somos una isla rodeada de montañas. Un país con mentalidad isleña. Esto tiene sus pro y sus contra. A mas, Chile es un país para quedarse, no somos un país que sirva de paso a  nada, estamos en un rincón del mundo. Aún en nuestros tiempos de globalización esta verdad en lo esencial se mantiene.

Un país pequeño, rodeado de montañas donde la gente no va a ninguna parte sino que esta ahí hasta el final de sus días. En las provincias todos se conocen, en los circuitos profesionales o comerciales del gran Santiago, también. Entonces, regla de comportamiento número 1, no hay que ganarse enemigos, pues te los seguirás encontrando el resto de tu vida. Medida practica, nunca digas todo lo que piensas del otro, calla hasta donde sea posible adorna las cosas, dilas entre líneas, que el otros se dé cuenta.

Rodeados de montañas y desierto fuimos un país  sin espejo hasta fecha reciente, la globalización de las comunicaciones, por ello vamos desde el optimismo delirante al pesimismo abismal.

Tercero, somos un país rico en riquezas minerales, pero pobres, pues toda la vida hasta el día de hoy nos han robado nuestros recursos naturales. Es el oro el que trae al depredador Diego de Almagro a nuestras tierras. El la recuperación del salitre para Chile lo que determina la contrarrevolución contra Chile y el presidente Balmaceda. Es la nacionalización del cobre lo que determina la agresión norteamericana a Chile y el derrocamiento del Presidente Allende.

La actividad minera pone su aporte en nuestra tristeza como pueblo. Las condiciones de trabajo en la minería no son las del campo. No es lo mismo sembrar y ver germinar ajo el cielo el trabajo que laborar bajo el mar en Lota o en Chuquicamata en medio del más árido de los desiertos del mundo.

Hemos sido un país rico con la inmensa mayoría de nuestros ciudadanos pobres. Algo así como en Argentina donde las vacas eran gordas y los peones flacos. Aún hoy conviven fortunas fabulosas como la del presidente de la República con el 54% de los trabajadores que ganan menos de 300 mil pesos mensuales.

En un país extenso, pobre y poco desarrollado el gran unificador, el gran empleador es el Estado, de allí viene nuestro legalismo acentuado.

Nuestra supervivencia como nación sólo la hace posible un estado fuerte que impone sus leyes sin contemplaciones. Nuestra estabilidad de los decenios por revolución independentistas es una virtud nacida de la necesidad. Heredamos también esto de los españoles que a tanta distancia de su rey tenían que ser muy legalistas y formales, sobre todo en las cuentas. El monarca de su parte debía ser estricto en hacer cumplir  de su legalidad.

Que somos?, cuales son los grandes hitos históricos de nuestra historia?  y por sobre todo preguntarnos acerca de si la construcción de nuestro patria es aún una tarea inconclusa son las preguntas que en este bicentenario pretendemos responder con el corazón palpitante por el amor a nuestra patria y la cabeza fría para aplicar la ciencia al análisis. Ustedes juzgarán a partir de las páginas que tienen por delante  si nuestras respuestas están a la altura de las preguntas.

Roberto Ávila Toledo

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