Un modelo de dominación que continúa prevaleciendo

14 marzo, 2010 § 1 comentario


Las crisis, tienen la particularidad de constituir momentos caóticos provisorios, instantes históricos efímeros, coyunturas fluídas de dislocación de las reglas de control y dominación de una sociedad, tanto que con frecuencia se les asemeja a períodos de oportunidades para replantear estrategias, reformular procedimientos y reevaluar prácticas.

La crisis económica global ocasionada desde el sistema bancario y financiero estadounidense en 2007-2008, ha sido considerada por los analistas como la mayor crisis experimentada por el sistema capitalista desde 1929.

El carácter cíclico de las crisis económicas anticipado por Marx y reafirmado por Kondratieff, se ha vuelto a confirmar cuando se observa -desde una perspectiva macro-sistémica- la secuencia de crisis de la segunda mitad del siglo xx, como una suerte de sacudidas sísmicas localizadas que han afectado a distintas zonas geo-económicas del planeta, pero que han terminado golpeando o afectando siempre al conjunto del sistema económico-político-comunicacional y tecnológico de dominación.

La historia del capitalismo registra, asimismo, numerosas crisis cíclicas de largo plazo como las siguientes: 1819-1821, 1847-1848 (que coincidió con la crisis sistémica en esos años), 1871-1873 (a la que estuvo relacionada la Comuna de París; que, por otro lado, inauguró la fase imperialista clásica; y encuadró el desarrollo de la Segunda Revolución Científico-Técnica de las últimas dos décadas del siglo XIX), 1902-1903 (a la que estuvieron relacionadas la Primera Guerra Mundial y la Revolución Rusa), 1929-1933 (que coincidió con la crisis sistémica de esos años), y la de principios de la década de 1970.

En el marco de estos ciclos de 20-25 años y de sus momentos de crisis, han tenido lugar las llamadas crisis cíclicas de menor plazo de entre 5, 7 o 10 años. Estas crisis de periodos más cortos, también han coincidido en diversas ocasiones con los otros dos tipos de crisis.

No está demás considerar también que lo que los analistas llamamos crisis de legitimidad del modelo de dominación neoliberal, una de las resultantes de la actual crisis económica global, no ha sido comprendido como crisis sistémica por los detentores del poder, sino solo como un episodio de corta duración y fuerte intensidad, centrado en la volatilidad de los mercados y en la incertidumbre de los agentes bursátiles.  Aún así, el patrón global de acumulación capitalista ha resultado prácticamente inalterado por la actual crisis, salvo por un lento y gradual desplazamiento de la hegemonía geo-económica desde los centros capitalistas occidentales (EE.UU, Europa, Japón) hacia los centros neocapitalistas orientales (China e India en particular).

Es probable que debamos asumir que esta crisis económica y financiera global no se ha traducido en una crisis sistémica global, aunque sus efectos acumulativos puedan apuntar en esa dirección en el futuro.

¿Podríamos deducir que la crisis del modelo neoliberal no significa la crisis del capitalismo en su versión globalizada?

Probablemente la debilidad orgánica de los movimientos sociales, su incapacidad comunicacional, las divisiones de las izquierdas y la ausencia de articulación socio-política (el reciente Foro Social Mundial lo puso en evidencia), explican en parte el punto de inflexión en que se encuentran hoy los actores contestatarios al sistema capitalista.

Ideológicamente, el sistema neoliberal de dominación no ha sido derrotado.

LAS VIAS DE SALIDA A ESCALA GLOBAL

Hay quienes desde 2007 y 2008 anticiparon el colapso del “capitalismo de casino” o “capitalismo de desastre“, pero una somera revisión del panorama socio-político mundial y continental, permite diagnosticar que el orden de dominación neoliberal instalado en las dos décadas finales del siglo xx, continúa prevaleciendo y es probable que asistamos incluso a momentos de regresión en algunas zonas.

La forma cómo el sistema económico de dominación respondió a la crisis de 2007-2009 refleja y expresa el modo como hoy opera: soluciones estatales de rescate empresarial provisorio, mantención del orden político, control y represión sobre los movimientos sociales;  persistencia de la rivalidad hegemónica global;  permanencia de los pilares geo-económicos y geopolíticos globales de dominación.

Los episodios de protesta social contra el neoliberalismo y las llamadas “políticas de ajuste”, como se ha visto en Portugal, en Francia o en Grecia, no han afectado lo esencial del sistema -ni siquiera del esquema europeo de control y dominación- y precisamente por su carácter episódico, no han tocado los fundamentos políticos y económicos del capitalismo neoliberal, sino que han sido tratados como puntos de disrupción focalizados y controlables.

LAS SALIDAS POLÍTICAS A LA CRISIS ECONOMICA EN AMERICA LATINA

Más allá de las intenciones, el análisis realista del comportamiento de los actores en el orden mundial y su trayectoria en el tiempo, podría permitirnos formular una suerte de Ciencia Política global.

En la realidad, cada nación, cada Estado obedece ademá a una suma compleja de interrelaciones, influencias, intereses y estrategias, hasta el punto que con frecuencia generalizar acerca de un país, bien puede resultar una generalización abusiva que oculta las complejidades de su vida política, social y económica.

¿Cómo se ha intentado salir de la crisis económica en América Latina?

Socialmente, salvo algunas excepciones honrosas, el Estado (de corte subsidiario ante el mercado) ha tenido que someterse a las restricciones del comercio y el crédito internacional, proceder a hacer recortes y ajustes presupuestarios, mientras la empresa privada en general, ha recurrido al expediente del despido, afectada por el endeudamiento y la disminución de los intercambios.  Los trabajadores, es decir, la fuerza laboral que produce la riqueza, han terminado pagando la crisis, ya sea por la vía de la cesantía, los bajos reajustes, el encarecimiento de los productos y servicios y la disminución de la creación de nuevos empleos.

En América Latina, como en el resto del mundo, sin embargo, la crisis económica, el incremento del desempleo y el descontento social, no han significado el deterioro de las ganancias y utilidades de sectores completos de la economía: en este capitalismo de choc y de desastre, mientras la industria, el transporte, la producción de materias primas  y el comercio han visto disminuidas sus utilidades incluso llegando a las pérdidas, la banca, las compañías de seguros y los sistemas previsionales privados, entre otros, han mostrado ganancias exhorbitantes.

Pero, al parecer, la crisis económica, material y social resultante, no se ha traducido en todas partes en un movimiento social ciudadano potente y con poder político suficiente, como para barrer con el orden neoliberal instalado.

En América Latina, las salidas políticas a la crisis económica han apuntado en tres direcciones:  1ª:  la llamada “salida neoliberal” pura y dura, es decir el orden neoliberal capitalista administrado por sus propios gestores y propietarios (Chile, Colombia, Peru…); 2ª:  la“salida de centro-izquierda o social-demócrata” (Argentina, Uruguay, Paraguay, Brasil, Nicaragua); y 3ª: la “salida democrático-popular o de izquierda” (Venezuela, Bolivia, Ecuador…).

Sustentamos la hipótesis que en el continente latinoamericano, el desplazamiento de las fuerzas sociales y políticas en relación con el poder y el Estado se está produciendo en torno a cualquiera de estas tres modalidades de salida política, dependiendo tanto de la fuerza de convocatoria y legimitidad de las coaliciones políticas, como de la capacidad de los movimientos sociales para incidir en el proceso político y electoral.

Dos casos paradigmáticos nos muestra al respecto el continente sudamericano en los momentos actuales:  mientras Bolivia y Ecuador reafirman social, política e institucionalmente su opción de izquierda y democrático-popular, Chile abandona (después de 20 años de centro-izquierda en co-gobierno y equilibrio con la centro-derecha) la llamada “vía de centro-izquierda” y se inclina hacia la derecha neoliberal pura y dura, mientras la centro-izquierda gobernante (justicialistas) en Argentina, se ve cada vez más amenazada por el empuje político y social de la derecha y del empresariado.

¿Es posible que en América Latina se den nuevas salidas democrático-populares o de izquierda en los próximos años?

Los gobiernos democrático-populares de Venezuela, Bolivia y Ecuador han podido reproducirse y permanecer gracias a un amplio respaldo ciudadano que les otorga una legitimidad indiscutible, pero nada permite predecir que su ejemplo sea seguido en otras naciones latinoamericanas, donde no se haya dado esa combinación única de movilización social y ciudadana masiva, una coalición popular y democrática político-social amplia y convocante y un escenario político dividido y en crisis.

¿Qué viene después de Chavez, Morales y Correa…?

Tampoco puede descartarse, como ya sucedió en Guatemala, que el bloque socio-político y económico neoliberal dominante, colapsado en su capacidad de reacción ante la presión social o las políticas progresistas, recurra al expediente golpista para asegurarse la continuidad del poder, allí donde el orden político muestre debilidad o se deslegitime.

En América Latina está pendiente la interrogante si la matriz socio-política de movilización ciudadana, más coalición socio-política de signo democrático-popular y crisis sistémica, puede repetirse en este segundo decenio del siglo xxi, como ha ocurrido durante el primer decenio.

Manuel Luis Rodríguez U.

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