Redes y multitudes inteligentes: la crisis de la comunicación moderna en el siglo xxi

8 julio, 2010 § 7 comentarios

La naturaleza del cambio al que asistimos como ciudadanos del planeta y habitantes de la historia contemporánea, contiene la paradoja con frecuencia insoportable que estando inmersos en los procesos de transformación no alcanzamos a dimensionar ni comprender la totalidad de las dimensiones del cambio, de su adherencia al tiempo y a la cotidianeidad y de su proyección en dirección a otros futuros.

Este ensayo reflexiona y se interroga sobre los impactos de los cambios  tecnológicos y comunicacionales en curso en la sociedad contemporánea, con especial referencia a las diferencias generacionales y a los diversos saltos y brechas que se manifiestan en el plano de las relaciones sociales y del ejercicio de la comunicación.

Punta Arenas – Magallanes, invierno de 2010.

MULTITUDES SOLITARIAS

Según nuestro enfoque, las relaciones sociales e interpersonales son y pueden entenderse como una compleja e interminable construcción de forma y contenido comunicacional, como un constructo social en red que se mueve en el tiempo y se modifica en el espacio, en los distintos planos y tiempos en los que suceden, generando una malla interdependiente de intersecciones, sentidos, lenguajes, significados, identidades y lógicas de acción que le dan contenido a la vida humana. ([1])

El paradigma de Rheingold, abre posiblemente la perspectiva de comprensión de los nuevos tiempos en curso, pero parece también dejar cerradas las ventanas de la alternativa.  ¿Estamos llegando a un punto de inflexión en que la comunicación humana, devenida forma tecnológica de intercambio de señales y bits entre dispositivos electrónico-tecnológicos, supera a la comunicación humana despojándola de su riqueza humana?

En el mundo semiabierto y semicerrado de las multitudes inteligentes de Rheingold sigue habiendo espacio para el individuo y su libertad, para el sujeto individual atravesado por el drama de su propia búsqueda y por la aventura de su propia identidad cuestionada.

En las cada vez más complejas  mallas comunicacionales que le dan sentido y forma al mundo de hoy, parece que sigue habiendo lugar para esta tensión entre lo individual y lo relacional, entre el sujeto y su contexto, al punto que la historia continúa moviéndose en una interminable oscilación pendular entre lo social y lo individual, entre las múltiples coacciones sociales necesarias y las escasas libertades individuales restantes y posibles.

Siguiendo la metáfora de Marx, el ser humano inserto y desintegrado en el mundo comunicacional de hoy, sigue anclado casi sin escape en el reino de la necesidad y lejos todavía de alcanzar el reino de la libertad.

La proliferación de redes de comunicación, de interlocución y de intercambio de significados, sentidos, contenidos e imagenes al interior del espacio virtual expresa en el plano macro-social la diversidad de formas de comunicación que caracterizan al individuo moderno en una sociedad que cambia, expande y multiplica sus modos y plataformas de comunicación y dialogo.

Se abren así nuevas brechas adicionales a los abismos sociales ya existentes: la brecha entre nativos digitales y emigrantes digitales, la brecha entre los que producen el conocimiento y los que lo consumen, la brecha entre ricos digitales y pobres computacionales…

ALGUNAS PUERTAS DE ENTRADA: LA CRISIS DE LA RACIONALIDAD COMUNICATIVA MODERNA

Sustentamos la hipótesis que la actual tendencia a la incorporación tecnológica en los procesos comunicacionales da cuenta de una crisis de la racionalidad comunicativa moderna, al alterar las bases de sustentación de la comunicación humana, introduciendo modelos, lenguajes y significados que destruyen, relativizan y deterioran los modos de producción del saber (del logos) y de los intercambios comunicativos.

Asistimos a una crisis de la comunicación, entendida como un salto cualitativo, material y cuantitativo en el uso expansión e incidencia de las plataformas tecnológicas sobre los procesos comunicativos.

El nuevo paradigma ([2])  establece el predominio hegemónico de la razón tecnológica, como criterio de selección, de organización, de gestión y de funcionamiento de la economía y del orden social.

¿Estamos entrando en una sociedad dialógica, estamos ingresando a una época caracterizada por una cultura efectivamente del conocimiento y la información o asistimos a un cambio de paradigma que nos conduce hacia una gigantesca malla societaria de individuos solitarios, “solitarizados” por propia opción o solidarizados por la propia presión social del medio?

Ya en los años sesenta, Marcuse (ese intelectual maldito del que nadie quiere volver a hablar), había advertido que estábamos entrando en la era del hombre unidimensional y su crítica a la racionalidad tecnológica y a la lógica de dominación del capitalismo moderno, alcanzaba a las raíces de la dimensión comunicativa humana: “en la realidad social, a pesar de todos los cambios, la dominación del hombre por el hombre es todavía la continuidad histórica que vincula la razón pre-tecnológica con la tecnológica.  Sin embargo, la sociedad que proyecta y realiza la transformación tecnológica de la naturaleza, altera la base de la dominación, reemplazando gradualmente la dependencia personal…por la dependencia al orden objetivo de las cosas… ([3])

Ya no dependemos solo de otros seres humanos, de otros poderes, ahora dependemos aún más de las máquinas y de los aparatos, convertidos en mediadores imprescindibles y casi ineludibles de la relación interpersonal y de la comunicación.

Ahora le hablamos a los aparatos y la comunicación ocurre entre máquinas.

Al modo de producción capitalista basado en la producción industrial de masas, se sucede un modo de producción inmaterial, un capitalismo globalizado y post-industrial basado en el uso intensivo de nuevos medios de producción de bienes y de símbolos, en el uso también intensivo de mano de obra deslocalizada y alienada, y en la construcción masiva y mercantilizada de redes de intercambio.

En este contexto, el diálogo entre las personas, entre personas racionales –esa dimensión constitutiva de la modernidad- está siendo gradualmente sustituido por el dialogo entre aparatos, entre dispositivos tecnológicos operando como mediadores comunicacionales de una comunicación que se despersonaliza.  El diálogo dejó de ser dia-logos (dos logos, dos racionalidades…) para convertirse en una sinapsis virtual tecnologizada, en un clic virtual de instantaneidad ubícua, en una apropiación no-propietaria (luego, subordinada) de medios virtuales de relación, de estructuras argumentales y de significados que se imponen sobre los lenguajes pasados.

La comunicación dejó de ser comunicación, ahora se llama interconexión.

Al fetichismo de la mercancía que acusaba Marx en “El Capital” para el siglo xix ([4]) , se sucede el “fetichismo del ordenador”, la “alienación de la pantalla”, la tentación de lo instantáneo, la pasión por lo efímero, y la seducción por lo superficial.  Al lento  sedentarismo de los individuos hablantes, se sucede ahora el veloz nomadismo de los aparatos portátiles e interconectados.

En el presente, el sistema de “pensamiento único” –que es una de las formas contemporáneas de la ideología capitalista de la dominación- y la “crisis de la crítica” como forma de pensamiento, no hacen sino confirmar las anticipaciones de Marcuse.  Hoy en cambio Zygmunt Bauman, anticipa sobre los miedos que laceran el ser social del presente ([5]), temores entre los cuales el miedo a la incomunicación, y el encierro mental al que nos aproximamos con frecuencia, no son más que manifestaciones de lo que podríamos llamar la crisis de la comunicación, en nuestra actualidad.

Es probable que no percibamos que detrás de la avalancha de tecnología comunicacional, de TICs que nos invaden y arrastran, virtualmente, asistimos a una crisis integral de la comunicación humana.

ALGUNAS PUERTAS DE SALIDA

Es posible incluso argumentar que en este cambio de época comunicacional y social, nos encaminamos hacia una nueva edad media del conocimiento y del saber, en que, por segunda vez en la historia de la sociedad occidental y de sus derivadas, el conocimiento y el saber aparentemente tan expandido y disponible en el presente, el conocimiento se convierte gradualmente en propiedad de una elite semiencerrada y semiexcluyente.

A los antiguos monjes copistas de los conventos de la Alta Edad Media, ocupados en seleccionar y repetir el saber guardado desde la Antigüedad clásica, se sustituirán en el futuro los monjes postmodernos de la tecnología virtual, los ingenieros de la informática impersonal, los operadores privilegiados de los sistemas dos punto cero, tres punto cero, cuatro punto cero…

El anterior “ratón de biblioteca” aparentemente desbordado por las grandes bibliotecas de papel y libro de los siglos XVIII y XIX, por las grandes enciclopedias y diccionarios del siglo XVII, está siendo sustituido por el ratón virtual, por el “ejercicio minúsculo del clic” como aparente puerta de salida hacia esos poderosos y fantasmales motores de búsqueda que se esfuerzan una y otra vez por intentar reemplazar el cerebro humano, último reducto del individuo apropiado de su razón.

¿Y si el cerebro humano fuera uno de los últimos espacios libres donde puede ocurrir la casi totalidad de la libertad y la aventura de la imaginación, de la búsqueda, de la duda, de la crítica, de la interrogación por querer saber y de la esperanza de saber?

¿Y si apago el computador, qué cambia allá afuera?

¿Y si me niego a formar partes de las redes sociales de internet, de todas las redes sociales de internet posibles, no caeré acaso en otra forma de encierro mental y de autonegación psicológica frente a un orden comunicacional del que puedo utilizar eficazmente sus herramientas sin adquirir su ideología?

¿Está en el mito de Rousseau del retorno a la naturaleza en estado puro, la respuesta a esta crisis de la comunicación entre humanos?

Más allá de la desconexión que propiciaba Samir Amin, podría ocurrir que la desconexión posible es la de la mano que controla el mouse… la desconexión del cerebro que controla la mano que controla el mouse … la desconexión de la conciencia racional que controla el cerebro que controla la mano que controla el mouse … y hasta podría ser posible –si tan solo fuera por instantes brillantes de contacto con la naturaleza y hasta con la naturaleza humana y lo que queda de ella- en que se ejercite la desconexión soberana del individuo, del ser humano libre que controla el cerebro que controla la conciencia que controla la mano que controla el mouse…

Manuel Luis Rodríguez U.

CITAS


[1] Bajoit, G.: Todo cambia.  Análisis sociológico del cambio social y cultural en las sociedades contemporáneas. Santiago 2003.  LOM Editores.

[2] Fischer, A.: Nuevos Paradigmas a comienzos del tercer milenio. Santiago, 2004.  Colegio de Ingenieros de Chile. Edit. Aguilar.

[3] Marcuse, H.: El Hombre Unidimensional. Barcelona, 1970.  Seix Barral, p. 171.

[4] Bidet, J.: Refundación del marxismo.  Explicación y reconstrucción de El Capital. Santiago, 2004.  Ediciones LOM. Bidet, J.: Refundación del marxismo.  Explicación y reconstrucción de El Capital. Santiago, 2004.  Ediciones LOM.

[5] Bauman, Z.: Miedo Líquido.  La sociedad contemporánea y sus temores. B. Aires, 2007.  Paidos.

REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS

Breton, Ph., Proulx, S.: L’explosion de la communication: la naissance d’une  nouvelle ideologie. Paris, 1993.  Editions La Découverte.

Constantinou, C., Richamond, O., Watson, A: Cultures and Politics in Global Communication. N. York, 2006.  Cambridge University Press.

Saouter, C., Maisonneuve, D.: Communication en temps de crise. Montreal, 1999.  Presses de l’Université de Quebec.

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